Archivos Mensuales: agosto 2009
Atardecer en “Villa Paula”
Pereira,Colombia.
El día Pasaba. Con tanta actividad, que no daba pie ni para el aburrimiento ni el cansancio,
Muchas cosas por hacer, por sembrar por arreglar diseñar mejorar, soñar siempre soñar
Al medio día cuando la temperatura, y humedad se hacen notar en la zona.Llega uno de los momentos más reconfortantes, después de tanto que hacer.
“Mija” ya esta el almuerzo, acompañada claro de la respectiva tumbada en la hamaca con vistas.
Y todo transcurría con normalidad con rutina, es verdad pero con ilusión. Es lo que el quería y lo quería de verdad. Hay que ver como es hoy ese espacio verde hermoso frondoso y florecido, con sus estanques de peces que dan la bienvenida a quien la visita.
Por que ese fue uno de sus caprichos y cuando lo logro, seguro que los disfruto como niño con juguete nuevo.
Atardecer en villa Paula, el mejor regalo para finalizar el día.
Atardecer en villa Paula, el mejor regalo que mi padre quiso dejar para todos nosotros.
© Foto y texto, Jaime García G.
“Una foto al día”
Realidad Juvenil….mas quiero a mi Perro.
Florencia,Italia.
Extramuros del instituto los «latin kings» y las bandas de nativos se ajustan las cuentas a navaja, como las «Gangs of New York», la película de Scorsese. Ya tenemos aquí lo que pasa en otros sitios. Hay ultras violentos y matones de barrio que salen de cacería por su territorio, como Alex y su peña (los «drugos») de «La naranja mecánica». Se tradujo mal esta obra de Stanley Kubrick. En la jerga inglesa se dice que es más raro que una clockwork orange, más raro que un perro verde, diríamos en castellano. ¿Y con qué hueso se calma la ferocidad de esos chicos que van en manada?
Para «perros», la jauría de adolescentes de la primera novela de Vargas Llosa, hace más de cuarenta años, en la que los internos del colegio peruano Leoncio Prado se atacaban y destrozaban a dentelladas. Pero vivían en una perrera militar, bajo una disciplina feroz y un severo código de hombría. La admisión en la pandilla, el cuartel o una institución siempre ha exigido superar una prueba de valor. Las novatadas a los nuevos reclutas eran crueles, y los estudiantes veteranos siempre han vejado a los pipiolos de primero. Esta tradición escolar viene de la Edad Media, y se puede leer en el «Buscón» de Quevedo, cuando a la voz de «¡nuevo!», cientos de estudiantes rodean al novicio y le arrojan una lluvia de gargajos, previos a los golpes y a un baño en las malolientes letrinas.Sí, cualquier tiempo pasado fue peor para los adolescentes. Antes la violencia era «normal». Los padres arreaban bofetadas, los maestros reglazos en las yemas de los dedos, los curas metían la angustia en el alma. Se humillaba al débil, se escarnecía al tullido, todos se burlaban del gafotas y de la niña fea o mal vestida. En las pandillas el gallito imponía su ley. Pero la vida era así: había que hacerse hombre, curtirse en la adversidad, sobrevivir. Los niños eran explotados en el trabajo, como hoy en la India y en muchos países. Niños pobres, incluseros o vagabundos, apaleados, perros callejeros que se enzarzaban por un pedazo de pan.
Como antes no había sociólogos, ni pedagogos de la LOGSE, ni sindicalistas liberados, era la literatura la que daba testimonio de la niñez maltratada, desde Lázaro de Tormes, pasando por Dickens o Baroja, hasta Marsé, Juan Goytisolo, Aldecoa y Umbral, que han escrito mucho sobre los niños de posguerra, desnutridos y desamparados. Pero ninguno se suicidaba.
Al filo de los años sesenta la infancia dejó de ser famélica en España, con el colacao de aquel negrito del África tropical, y el pan y vino de Marcelino, y las películas de Marisol. Ahora, desde hace diez años los adolescentes de novela juvenil se llaman Jessica y Borja Mari, y son todos gilipollas, americanizados, gordos de ketchup y hamburguesa whoper, pero con móvil y vespino, con colesterol o escuálidas que ayunan para imitar a las modelos de la pasarela. Todos ignoran, por suerte, los sabañones, la tiña, el baño en una poza con el calzoncillo remendado, las discusiones del Mochuelo y el Tiñoso por si es mirlo o rendajo, como los niños rurales de Miguel Delibes.
Los adolescentes de hoy no se peleen por un trozo de pan, pero se zurran por un móvil, y entre ellos se maltratan. Crece la marea alarmista: un padre secuestra y golpea a un director de instituto en Granada, hay acoso, bullying, lo llaman ahora. Y hay matones en pandilla. Se juega a ser un héroe, porque se es cobarde, decía Juan Paul Sartre. Y se juega a ser asesino porque se envidia a los asesinos de la tele. La semana pasada unos críos de 10 años han estado a punto de ahorcar a uno de 5 en Inglaterra. En Cádiz unas niñas (niñas, no mozalbetes chulos) mataron a una compañera. Otros se suicidan. Y eso, ¿cómo se explica?
Es la desestructuración familiar, se dice, pero los adolescentes suicidas no suelen ser de familias especialmente problemáticas. Se acusa a la televisión y al cine por difundir miles de imágenes violentas y un lenguaje agresivo. Cierto, pues nadie nace matón ni cruel: se imita lo que se ve y se oye. La niñez es más breve y la adolescencia es más larga, a los 10 años las niñas ya tienen la regla. Zarandeada la identidad insegura de los adolescentes por la oferta consumista, el deseo se hace insaciable y al no ser satisfecho, crea frustración, pérdida de autoestima, anula las defensas. Y hay víctimas y verdugos. En cualquier caso, que nadie diga que los 15 o 20 años son la más hermosa edad de la vida. Nunca lo fue.
Fuente del texto. la mirada de jokin.
http://argijokin.blogcindario.com/2005/06/00138-los-perros-verdes.html
© Fotografía. Jaime García G.
”una foto al día”
No hay sorpresas, sino sorprendidos
Parque del Retiro, Madrid. España
En la profundidad de un pequeño bosque de robles unas ardillas trabajan afanosamente. Al final de la jornada desentierran los frutos que recolectaron y escondieron durante el día y los reúnen todos. Una de ellas, la ardilla soñadora, siempre aporta menos y es increpada por el grupo.
No tomas en serio tu trabajo. ¡Tenemos pocos árboles y no podemos permitir vagos!
La ardillita trabajaba tanto tiempo como las demás pero su gran imaginación la distraía. Fantaseaba con bosques inmensos y variedades misteriosas y entre sueños olvidaba donde enterraba las bellotas. De esta manera allí donde otras entregaban cien frutos en una mañana, ella llevaba cuarenta.
La situación fue empeorando y la ardilla más vieja, al comprobar la hostilidad de la comunidad, decidió desterrarla un invierno a una apartada encina que estaba fuera de los límites del bosque. Allí debería esforzarse mucho para sobrevivir.
Aquel invierno fue muy severo. Pasado el deshielo llegó una radiante primavera y las ardillas al despertar de su letargo comprobaron con asombro que el bosque había cambiado. Al lado de los centenarios robles había muchos brotes nuevos, futuros árboles, uno por cada fruto que la ardilla soñadora dejó olvidado. El bosque crecía y resultaría más fácil agrupar provisiones para los próximos fríos.
Cuando fueron a buscarla costó encontrar la encina porque un denso matorral de chaparros que no estaban la pasada primavera ocultaba la copa. Estaba muy flaca y feliz de regresar al grupo.
Reunida toda la comunidad expresaron su agradecimiento a la ardilla soñadora y decidieron, todas juntas, trabajar el mismo tiempo que hasta ahora pero sin agobiarse por la producción pues había quedado demostrado que contaba más el esfuerzo diario que los resultados.
Y desde aquellas lejanas épocas las ardillas se hicieron distraídas y fantasiosas. Los bosques les quedaron eternamente agradecidos y una especie que se considera muy superior les tiene una extraña mezcla de admiración y envidia.
texto exclusivo y original de:Author: Goathemala
http://goathemala.blogspot.com/2008/03/la-ardilla- soadora.html#
©fotografía, Jaime García G.
“Una foto al día”
“Siempre nos quedará París”
Trocadero es una zona en el distrito 16 en París que comprende varios museos, una gran esplanada en frente de la Torre Eiffel, jardines, esculturas y unas grandes escalinatas que proporcionan vistas estupendas. Aunque con muchos otros lugares, lo que le da encanto a este sitio es la presencia de la gente.
El sábado 5 de abril de 1997, comenzaba la cuenta atrás. Desde la medianoche de ese día quedarían 1.000 días para el año 2000.
Una fecha mítica que llevará detrás siglos de leyenda y que provocó las predicciones más fatalistas. Filósofos, científicos, analistas y expertos descubrían qué le esperaba al hombre más allá del 2000.
La conclusión: la vida seguiría más o menos igual.
Es solo cuestión de números, con el reloj de fondo se puede calcular, fecha, de cuando realicé esta fotografía.
Anímate, espero comentarios………………
© Jaime García G.
“Una Foto al día”
Laurita.
Cartago,Valle.Colombia
Un ser entrañable, Creo que nunca podré decir que le conocí realmente tal y como era.
Todo por el tiempo, el bendito tiempo, pero que mas da, si estabas con ella, diez minutos, un día o lo que fuese, y ella misma transmitía felicidad.
Con un gesto un guiño o esa sonrisa particular. Risa que no era muy efusiva con su boca, pero que coordinaba perfectamente bien con su MIRADA. Nos regalaba ese encanto, pausa y cordura de cuando te preguntaba o comentaba algún tema.
Pequeña, si muy pequeña de estatura pero, realmente grande muy grande su CORAZON.
Gracias Laurita por los pocos momentos compartidos, pero, que paz y alegría sentí a tu lado.
© Jaime García G.
“Una foto al día”
Molino en la ventana
En la localidad toledana de CONSUEGRA, encontramos uno de los grupos de molinos de viento en mejor conservación de toda España, formado por doce de los trece molinos que antaño coronaron la llamada Crestería Manchega, en lo alto del CERRO CALDERICO que domina la localidad; a los que se ha llamado con diferentes nombres y apodos de esa gran obra EL QUIJOTE.
“El corazón de un hombre es una rueda de molino que trabaja sin cesar; si nada echáis a moler corréis el riesgo de que se triture a sí misma”
Martín Lutero.





